Nueva política nacional para el desarrollo del audiovisual en Chile

Por Bárbara Negrón, Directora OPC

Hoy, después de muchos años de espera, tenemos una política nacional para el desarrollo del audiovisual en Chile. Sin duda una buena noticia, por varias razones.

Primero porque un documento de este tipo implica un esfuerzo importante por sistematizar la información disponible y diagnosticar los nudos críticos que se deben enfrentar para lograr el anhelado desarrollo de este sector. Un esfuerzo por lo demás de debate y participación. El documento da buena cuenta del proceso de consulta y discusión que se llevó a cabo a lo largo del año pasado para recoger las opiniones de los involucrados.

Aunque menos evidente, una política implica también un intento de ordenar conceptos y categorías de un campo altamente complejo y en construcción, donde confluyen muchos actores. Esquemas como el que intenta sintetizar gráficamente el mundo audiovisual y sus agentes, aun con las esperables discusiones que se darán en torno a él, son un aporte a las políticas culturales.

Finalmente es además una buena noticia porque el primer intento, ahí por el año 2007, había quedado inexplicablemente inconcluso y con esta entrega se cierra ese capítulo poco afortunado.

Una política es sobre todo un mapa de navegación y los objetivos y medidas planteadas sin duda dan cuenta de lo que es necesario hacer. Ninguna de las propuestas es innecesaria.

Sin embargo, un documento así es sobre todo un compromiso político, una apuesta, por lo tanto un riesgo y ahí donde esta política sorprende por su timidez.

El diagnostico da muestras claras de problemas estructurales importantes que impiden el desarrollo del campo audiovisual (que podrían ser perfectamente extrapolables a otros ámbito del sector cultural). Para resumir algunos: los chilenos muestran poco interés en ver la producción audiovisual nacional; el panorama solo podría empeorar en los próximos años si consideramos la nula presencia de este lenguaje en la educación formal; existen problemas estructurales en la difusión y circulación de la cada vez mayor producción nacional; sus trabajadores se desempeñan en condiciones laborales precarias y la carencia de agentes especializados en la cadena de valor del sector dificultan que el circulo se vuelva virtuoso.

Siendo así el tamaño de los desafíos que debemos atender parece poco probable que medidas como “creación de instancias de trabajo” o “generar instancias de coordinación” y el excesivo uso del poco comprometido verbo “promover” puedan acercarse al objetivo de un salto cualitativo para el audiovisual.